martes, 26 de mayo de 2009

¿EXISTE EL PURGATORIO? ¿QUÉ OCURRE ALLÍ?


Una vez hecha, en otros artículos, una pequeña síntesis de lo que es el Mundo de Deseos analizaremos este mundo desde un punto de vista más concreto y más concretamente sobre las dos divisiones en que se dividen sus regiones, es decir, el Purgatorio y el Cielo. El Purgatorio se sitúa en las tres primeras o inferiores regiones, sin embargo y aunque en ocultismo no se suele considerar, podríamos decir que, de tener que situar al infierno, lo haríamos en la primera o más inferior de dichas regiones. Podríamos definir el infierno como el lugar donde van las personas poco desarrolladas, terroristas y personas que han causado mucho sufrimiento. Es un lugar donde reina la tristeza y el sufrimiento en vez de la belleza y la luz. En realidad, el infierno lo crean las personas mismas con sus malas y multiplicadas obras, mientras que la intención de las Leyes Divinas es enseñar el camino más corto y recto para la purificación de los defectos y debilidades y para la adquisición de un nuevo estado de conciencia. Estas regiones, como todo lo existente por encima del plano físico, son subjetivas para nosotros pero tan reales y objetivas para los que están allí como para nosotros lo es el mundo físico.
Antes de entrar el hombre en el Mundo de Deseos o Purgatorio se reconforta por haber abandonado el cuerpo físico y por medio de esa especie de sueño que le lleva del mundo físico al Mundo del Deseo. Este “sueño del Alma” es similar al que tiene el niño en el vientre de su madre y antes de nacer. Lo mismo que está protegido el niño en el vientre de la madre, así está protegido el Ego; y lo mismo que la madre siente y vela con amor y por el futuro hijo, así velan y cuidan los Ángeles al recién fallecido.
En el Purgatorio se despiertan confusamente los recién muertos para tener una vida similar a la nuestra (aunque sin obligaciones laborales, familiares, etc.) pero con mucha más libertad de acción sobre la materia de ese mundo, sobre los lugares que se pueden visitar, o sobre los entretenimientos y aprendizajes que se quieran hacer. Aquí se suele estar hasta que se agotan todas las pasiones y todos los aspectos más bajos que dominan al hombre, dicho de otro modo, hasta que hemos sufrido todo el mal que hicimos consciente o inconscientemente a los demás y hasta que no nos sentimos libres del dominio de vicios y deseos materiales.
El Purgatorio es el Hades de los griegos y el limbo o Purgatorio de los católico-romanos. Allí revisamos la película de nuestra vida por segunda vez pero, en ese caso, viviendo y sintiendo el mal que hicimos. Por ejemplo, si hicimos una ofensa a una persona en Madrid nos sentiremos en ese lugar y momento pero como si fuéramos la otra persona; y si a continuación tenemos que hacer frente a otra deuda kármica en Francia porque tuvimos un conflicto con alguien y le causamos algún dolor, sentiremos como nos expandimos hasta Francia para sentirlo y así aprender lo que se siente cuando causamos dolor a otro. Pero lo mismo que en el Purgatorio se vive tres veces más rápido que aquí, también podemos decir que se sufre tres veces más intensamente que aquí sobre todo porque no tenemos cuerpo físico que, en cierto modo, amortigua el dolor.
Cuando se entra en el Purgatorio el mal que llevamos para purgar se va acumulando en capas concéntricas alrededor del cuerpo de deseos para que la fuerza de repulsión que existe en estas regiones lo expulse según se va sufriendo y purgando por ello. Con cada deuda superada o dolor sufrido vamos eliminando esa materia hasta que incluso va desapareciendo la forma del cuerpo que había tomado el cuerpo de deseos. En el Mundo de Deseos es donde el hombre se deshace de los peores defectos y debilidades de la personalidad y donde se alcanzan los más elevados anhelos y aspiraciones que el hombre tenga; es el “Hospital del Alma” donde aprendemos el valor de la virtud y de la rectitud y desde donde renaceremos con unos sentimientos nuevos y profundos de querer rectificar hacia una vida superior libre ya de malos hábitos.
Pero no todas las personas, como sabemos, comienzan a purgar sus males desde la primera región. Recordemos que la personalidad, aún siendo muy imperfecta aún, se esfuerza cada vez más (precisamente por sus estancias en el Purgatorio y en el Cielo) por ser mejor, por no causar mal a la humanidad y por dominar y vencer al aspecto animal del cuerpo de deseos. Por tanto, hay personas que pasan directamente a la tercera o cuarta región donde están muy poco tiempo y desde donde siguen ascendiendo a los diferentes cielos. La intención no solo es vivir y sentir el mal que hemos hecho para grabarlo en la conciencia como algo que no debemos hacer, sino también, deshacernos de la materia de deseos de este cuerpo relacionada con esas regiones inferiores, ya que, si no nos quitamos ese lastre del cuerpo de deseos no podremos ascender a lo superior. Diré que es más fácil deshacerse de los males menores causados a otros que liberarse de los vicios que actualmente dominan al hombre (alcohol, tabaco, drogas, sexo, juego, etc.)
Según se va purgando el mal también se va eliminado en sus formas de sentimientos, deseos, etc., por tanto el hombre se queda solamente con los sentimientos y deseos positivos como, por ejemplo, el amor y la felicidad. Esto quiere decir que en estas primeras regiones e incluso en parte, en el Cielo, se olvida el mal pero no nuestra vida en la tierra, o sea que, una madre que fallece y deja niños en la tierra irá olvidando el mal de su vida pero no olvidará que tiene unos niños a los que ama y desea lo mejor. Las personas van sufriendo progresivamente sus deudas pero no olvidan los momentos vividos de felicidad ni a sus seres queridos porque eso aún se tiene que ver en el Cielo. Tampoco, en mi opinión, tienen fácil ver (porque están haciendo lo que deben en el Purgatorio) lo que pasa con sus seres queridos y mucho menos lo negativo, sería absurdo que una persona joven que está purgando ciertos errores, también sufriera por ver los problemas y enfrentamientos de su familia. Al contrario, esa persona vive su vida purgatorial o de felicidad en el Cielo de tal manera que si manifiesta amor por su familia, ese amor se podría manifestar a esos seres, pero esa persona no puede ver, sentir ni enviar malos sentimientos a la tierra.
Es aconsejable tener siempre presente que mientras la persona fallecida tenga deseos relacionados con la vida terrestre, deberá estar en su cuerpo de deseos porque se sentirá retenido por alguna de las regiones inferiores según de qué clase sea el mismo. Como el fin del Purgatorio es eliminar los malos deseos y sentimientos a través del sufrimiento para unir a la conciencia (como algo que no se debe hacer) los resultados, la persona deberá estar en esas regiones hasta que supere ese defecto o debilidad y se olvide de ello. Mientras el avaro siga deseando desde allí mantener y acumular dinero y siga pendiente del que dejó aquí en la tierra, no podrá ascender a las regiones superiores ni dejará de sufrir por no poder manejarlo o por ver que otros lo hacen; cuando comprenda que el dinero, tal y como él lo ve, es un mal, se liberará del Purgatorio. De lo que se trata en el Purgatorio es de que una persona abandone un vicio o se olvide de un mal que ha practicado por medio del sufrimiento que sentirá allí, y de la comprensión de que ese hecho no es bueno y que no debe permitir que sea dominado por esos aspectos de la personalidad y de la vida terrenal. Cuando el fumador, o el que consuma droga o alcohol, pase al Purgatorio y sienta la necesidad de consumir y no pueda, sufrirá incluso más que aquí en la vida física, así es que esa falta de oportunidad para satisfacer los deseos es el medio principal para vencer ese deseo negativo.
Como podemos comprender, estas regiones purgatoriales, e incluso el infierno, no están hechas por un Dios malo para castigar ni para vengarse por el mal cometido sino todo lo contrario, es el hombre quien se auto castiga y crea sus sufrimientos por ser ignorante de las leyes o por no querer oír a su conciencia. Lo cierto es que si no fuera por estas leyes, el hombre no evolucionaría o incluso podría perder su Alma para siempre por caer en el mal y no saber salir. Un suicida cree que quitándose la vida va a arreglar sus problemas o va a huir de sus responsabilidades, pero cuando siga viendo esos mismos problemas más el sufrimiento de sus allegados por lo que ha hecho, más ese intenso sentimiento de vacuidad que tiene porque su cuerpo de deseos no ocupa el lugar que debe en el aura, entonces, comprenderá la gran tontería que ha hecho y seguramente que en la próxima vida tenga pánico a la muerte.
Las leyes divinas dan a cada uno lo que se merece. Un toxicómano sufrirá por no poder consumir droga o incluso por no tener dinero para comprarla pero seguramente que no sufrirá por querer comer y no poder porque eso no le preocupaba en la tierra. Un alcohólico compenetrará los estómagos de los que aún viven y consumen mucho alcohol e incluso de los depósitos donde fermentan el vino o el whisky, pero seguirá sufriendo con intensidad mientras que, quizás, ni se acuerde de la familia porque en la tierra ya no le daba importancia. Cada persona sufre como efecto de su debilidad en su cuerpo de deseos y lo hará en la intensidad y en el tiempo necesario según sea el deseo o mal que le domine. Es la Ley de Causa y Efecto la que restablece el equilibrio cuando una persona se ve dominada por algo malo o sus deseos le polarizan en el mal; ésa es una Ley impersonal que no lleva consigo recompensa o castigo sino que corrige las debilidades y vicios para restablecer el equilibrio por medio de los propios efectos. La única excepción es que si en vida ha llegado a dominar o purificar un determinado vicio o si, por otro lado, se arrepiente o ha pedido perdón por el mal causado, ha sido la persona misma la que ha encontrado el equilibrio y no tendrá que sufrir por ello en el Purgatorio.
Cuando la persona entra en el Purgatorio es la misma que era cuando vivía en la tierra, con sus mismos gustos, aspiraciones, vicios y virtudes. Pero cuando termina su paso por el mismo es un hombre nuevo en todos los sentidos por haber vencido todas sus debilidades y males y por haber adquirido nuevas virtudes que le traerán un mejor destino en la próxima vida. Sin embargo, este trabajo o purgación no ha sido hecho por un Dios con rencor ni ánimo de venganza, ni tampoco por un demonio que con su tridente ha mantenido a la persona entre llamas del infierno. En el Purgatorio actúa principalmente la Ley de Causa y Efecto que da a cada uno la cosecha de lo que sembró. La fuerza de una piedra que golpea el suelo cuando cae después de ser lanza al aire es igual a la energía utilizada cuando se ha lanzado; eso es lo que ocurre en el Purgatorio pero con la diferencia de que el Amor de Dios está presente en esas Leyes y porque, en su misericordia, nos ha facilitado los medios para evitar el sufrimiento, es decir, el arrepentimiento y el perdón.
Es muy posible que el lector se imagine que en el Purgatorio todo es sufrimiento, nada más lejos. Lo mismo que aquí no nos pasamos toda la vida haciendo el mal, tampoco allí se está purgando o sufriendo constantemente hasta agotar ese mal. Es cierto que se sufre con mayor intensidad que en la tierra porque se vive un tercio de los años vividos aquí y porque no se tiene cuerpo físico, pero el dolor agudo lo sentirán más exacta y justamente quienes más profundamente hayan causado mal a otros. Así es que el dolor es proporcional, según la intensidad del dolor causado así será la agudeza del dolor que se sentirá. Pero volviendo al principio del párrafo, no se sufre continuamente porque de hacerlo así no se extraería tanto beneficio. Es decir, si sufriéramos continuamente todo el mal causado, nos acostumbraríamos al dolor (como un niño se puede acostumbrar a los castigos) y éste no tendría el mismo efecto ni resultado beneficioso para nosotros. Por tanto, se sufre de forma similar e intermitente a como se hizo el mal en la tierra, mientras que en esos intervalos se lleva una vida productiva en aprendizaje por otro medios. Esta Ley o tiene nada de vengativa sino todo lo contrario, su intención es ayudar a que la persona extraiga el mayor beneficio de la vida, aprovechando así sus experiencias y obteniendo como resultado nuevas virtudes.
Otro hecho curioso del Mundo de Deseos y del Purgatorio es que, por lo general, los “muertos” siguen allí vestidos como normalmente lo estaban aquí o, al menos, como ellos piensan y desean. La materia de deseos se maneja a voluntad y obedece al pensamiento, por tanto, uno se puede reconstruir un miembro dañado o vestirse como quiera por el solo hecho de pensarlo. Es más, cada persona puede cambiar sus facciones o hacerse más delgada o lo que desee, con la diferencia de que estos cambios no suelen durar mucho porque lo que ha sido durante muchos años vuelve a manifestarse al cabo de un tiempo y se necesita otro esfuerzo de voluntad y mental para reformarlo.
Viendo lo que ocurre en el Mundo de Deseos y en el Purgatorio, es de suma importancia que se comprenda por qué hay que dejar al recién fallecido en paz y en silencio para que se concentre en el panorama de la vida que acaba de dejar. Cuanto mejor (con más atención y concentración) grabe la película mayor sufrimiento tendrá en el Purgatorio (si es que hizo mal) pero mucho mayor será el beneficio que extraiga de la misma. El sufrimiento y las experiencias se olvidarán pero el sentimiento de rectitud subsistirá para siempre y hablará claro cada vez que surja la tentación. Esa voz de la conciencia o sentimiento de rectitud será más fuerte cuanto más clara e intensamente fuera grabada la película de la vida. En el Purgatorio se sufre lo que se ha hecho sufrir a otros pero no más, y en él se borran los malos hábitos por medio de no poder satisfacerlos, pero el resultado es la toma de conciencia de una virtudes que llevarán al individuo a actuar de manera, benévola, cariñosa y honesta.
Como es lógico pensar, cuando se renace se está libre de esos malos hábitos porque, si se vuelve a caer en ellos en la siguiente vida siempre será dentro del libre albedrío de la persona. También es cierto que surgirán tentaciones para comprobar hasta qué punto hemos vencido el mal hábito, pero si la grabación fue correcta y el sentimiento fuertemente asentado en la conciencia, no habrá problemas para volver a vencerlo y que no vuelva en forma de tentación porque no será necesario.


Francisco Nieto